Estados Unidos puso en vigencia medidas que endurecen las sanciones comerciales que ha mantenido en contra de Cuba desde 1960 finalizando así la primera apertura en 50 años de la política de Washington hacia La Habana, emprendida por la Administración del expresidente estadounidense Barack Obama.

El Departamento del Tesoro en Washington anunció que, a partir de ahora las personas físicas y jurídicas de EEUU tendrán prohibido llevar a cabo transacciones con 180 entidades cubanas, primordialmente GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas de Cuba, considerado el principal motor de financiación del régimen del presidente Raúl Castro.

Dado el peso de las Fuerzas Armadas en la economía de Cuba, es complicado para muchos inversores extranjeros hacer negocios en la isla sin tocar los intereses de GAESA que controla 27.000 plazas hoteleras en la isla, algunas subcontratadas a empresas extranjeras, como el gigante suizo de la hostelería de lujo Kempinski, además de restaurantes, y empresas de alquiler de autos.

Sin embargo, pese a las nuevas regulaciones no podrán anularse los tratados firmados recientemente por la compañía de maquinaria pesada Caterpillar para abrir un almacén y un centro de distribución en Cuba, y por el productor de maquinaria agrícola Deere para vender tractores al Gobierno de La Habana, con destino a las cooperativas de la isla, ya que las prohibiciones anunciadas carecen de retroactividad.

Las empresas estadounidenses no podrán invertir en la Zona Económica Especial de Mariel, una especie de “isla capitalista” que el Gobierno cubano ha creado en el puerto del mismo nombre, emulando el modelo de China y Corea del Norte. Precisamente en Mariel, sector que está muy cerca de la ciudad de Tampa, Florida, por vía marítima, es donde Caterpillar abrirá su almacén.

Mientras políticos republicanos y líderes del exilio cubano aplauden la decisión, sectores liberales la consideran como un golpe directo al naciente turismo y la inversión entre ambos países.  

Este cambio de política fue ordenado por el presidente Donald Trump con el apoyo de los legisladores cubano-americanos, el senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart, ambos republicanos por el estado de Florida.

Sin olvidar que el año próximo se realizarán las elecciones legislativas los republicanos y Trump necesitarán del apoyo electoral del exilio cubano, muchos de ellos procedentes de las primeras oleadas de refugiados de la dictadura castrista en las décadas de los 60, 70 y 80. La generación más joven del exilio vota por el Partido Demócrata y está a favor de levantar el embargo en su totalidad.

Los presidentes de Estados Unidos Barack Obama y de Cuba Raúl Castro se saludan durante la visita de Estado realizada por el mandatario norteamericano a La Habana en Marzo de 2016

Bajo las regulaciones del mandatario Obama, los estadounidenses podían argumentar nueve razones para viajar a Cuba incluyendo: visitas a familiares, intercambios culturales o periplos de investigación.

Pese a que el turismo no estaba en ese listado había frivolidades inexplicables que lo disfrazaban. Por ejemplo, comer en un restaurante privado en Cuba era razón suficiente para obtener permiso para viajar a la isla.

A decir verdad, el Gobierno de Obama no solía pedir justificación a esos “pseudoturistas”, aunque todos los estadounidenses que visitaban el país caribeño sabían que era poco recomendable subir fotos o “selfis” a Facebook en la playa o tomando ron en algún restaurante o bar haciéndose pasar por “investigadores”.

Ahora los norteamericanos tendrán que ir en grupos, con un representante de la organización que organiza el viaje, que además deberá estar sometida a las leyes estadounidenses, y estarán obligados a presentar un plan detallado de sus actividades.